Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros;
Y ninguna diferencia hizo entro nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones.
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.
A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.
Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
No apaguéis al Espíritu.
Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.