Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados.
Regocijaos, en el Señor siempre, otra vez digo, regocijaos.
Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.
Por nada estéis agonosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
Y la paz de dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.
Lo que aprendisteis y recibisteris y oisteis y visteis en mí, esto haced, y el Dios de paz estará con vosotros.
Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago, olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante.
Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios.